El 7 de septiembre, una pieza de museo

Cuando en 1966 John Lennon vino a España seis semanas para rodar Cómo gané la guerra, la ciudad de Almería, y en concreto el frondoso jardín de la mansión en la que se alojaba a las afueras de la ciudad, le inspiró uno de los temas más recordados de los Beatles, Strawberry fields forever. Aquella estancia retrotrajo a Lennon a su infancia, cuando jugaba en el jardín de un orfanato de Liverpool llamado Strawberry Field.

Actualmente, tanto el Strawberry Field original como la mansión almeriense se han convertido en sendos museos donde el visitante puede profundizar, entre otras cuestiones, en la historia de la canción y su composición. Son auténticos monumentos a la memoria de uno de los mayores compositores de la historia de la música universal.

Cuando dentro de varias décadas levanten un museo en Madrid donde tengan cabida las canciones que se han inspirado en la ciudad -de hecho, en la actualidad se está preparando un Museo de la Movida-, en el mismo tendría que estar presente, por su valor emocional, la mesita N.º 9 del restaurante la Parra (Monte Esquinza, 34), donde se gestó El 7 de septiembre de Mecano.

Hoy, día del aniversario de la canción, me gustaría profundizar en la maravillosa historia que hay detrás de este tema, protagonizada por Nacho Cano y su novia de los años ochenta, Coloma Fernández Armero, y, aunque se ha escrito bastante sobre la misma, detenerme en el punto de vista que creo que es más desconocido: los textos que aquella historia de amor inspiraron a Coloma.

LOS COMIENZOS ENTRE NACHO CANO Y COLOMA FERNÁNDEZ ARMERO

Coloma, hermana del director Álvaro Fernández Armero, conoció a Nacho el 7 de septiembre de 1981 en el Golden Village, una sala de conciertos que se encontraba en el nº 31 de la calle Agustín de Foxá, en frente de la estación de Chamartín. Es el “Bar del Oro” que Nacho menciona en La fuerza del destino.

El primer encuentro, como dice la canción, fue un desastre, pero siguieron encontrándose por la ciudad, y tras varias citas en el Burger King y en un concierto de Los Ramones, comenzaron a salir. Nacho ya había sacado su primer single con Mecano, Hoy no me puedo levantar, y paseando por la Castellana le decía a Coloma que tenía claro que su grupo iba a ser importante e iba a triunfar.

Como la popularidad de Nacho fue en aumento, la pareja solía verse en el piso de él, y hacían planes caseros. Coloma se fue a vivir con él, pero pronto vio que sus vidas –él como estrella de música internacional que viaja y se emborracha, ella como creativa publicitaria que tiene que madrugar– tenían ritmos que no encajaban.

LA HISTORIA DE AMOR QUE INSPIRÓ VARIOS TEMAS DE MECANO

Lo dejaron y volvieron repetidas veces, y Nacho fue contándonos esa relación a través de sus canciones. «Con cada uno de sus singles se podría haber confeccionado mi diario personal a lo largo de toda una década», desveló Coloma en Abc.

En El mapa de tu corazón (1984), Nacho le pide a su pareja una relación sin ataduras: Ha venido un pájaro del cielo / ha aterrizado en tu pelo / ha robado todos los secretos / de tu silencio. / Le has querido comprar una jaula / le has querido meter en tu cama / pero las ventanas de tu cuarto / miran al viento. / Tú sabes como viaja / y le sigues por el mapa / la ruta de tu corazón. / Date la vuelta / deja abierta la puerta / déjale volar / déjale soñar. / Date la vuelta / deja abierta la puerta / ya te cansarás / de tanto llorar.

En 50 palabras, 60 palabras o 100 (1986), expone una ruptura: Esta mañana me he levantado / y al darme vuelta me he ido rodando. / No hubo mensaje de despedida / solo unas flores en el suelo del salón. / Ahora solo quedan / las fotos de las paredes / y hay que repartir los muebles. / Ahora solo queda / que el camión de la mudanza / venga y lo haga sin tardar.

Un 7 de septiembre, Nacho regaló a Coloma por su aniversario siete ramos de doce rosas cada uno, y es que él es muy caballero en el amor, como expone en Los amantes (1988):  Yo soy uno de esos amantes / tan elegantes como los de antes / (…) Y voy buscando por los balcones / bellas julietas para mis canciones…

EL ORIGEN DE EL 7 DE SEPTIEMBRE

En diciembre de 1989 se produce la inevitable ruptura. Sin embargo, la unión entre Nacho y Coloma es tan fuerte que seguirán celebrando su aniversario cada 7 de septiembre en un restaurante cercano al estudio de Nacho Cano, La Parra, siempre en la misma mesita, la número nueve. En este restaurante familiar que va por la tercera generación se fusiona el romanticismo inglés y los sabores andaluces, y en el mismo se gestaron otras grandes historias de amor como la de Isabel Preysler y Miguel Boyer.

La mesa número 9 de la Parra, que sigue siendo la original de los años noventa, es la responsable de los versos: «La misma mesita que nos ha visto amarrar las manos por debajo, cuida que el rincón de siempre permanezca reservado.»

Durante ocho años, Nacho y Coloma mantuvieron esta nueva tradición, una época en la que Nacho salía, paradójicamente, con la actriz que hizo de alter ego de Coloma en el videoclip de La fuerza del destino, Penélope Cruz. Como dice la canción, se buscaban con los ojos por si quedaba algo, pero siempre fueron citas de amigos en las que no pasó nada. «Era algo bonito. Se trataba de mirarse a los ojos y ver qué ganabas: si la sensatez de que eso no va a ningún lado o la fuerza de que hay algo todavía», recordó Coloma en el diario El Mundo hace un par de años.

Cuando en 1991, ella escuchó por primera vez El 7 de septiembre, ese tema en el que volvía a ser la musa de Nacho, se le quedó especialmente grabada la frase Hay llamas que ni con el mar, puesto que ella, que sufrió mucho con aquel desamor, sí necesitaba apagar esa llama y pasar página.

COLOMA TAMBIÉN ESCRIBIÓ SOBRE LA RELACIÓN

En el año 2000, Coloma publica su primer libro, Querida Yo (Plaza & Janés), un diario personal en el que, con un lenguaje muy poético, se desnuda emocionalmente y comparte sus fracasos amorosos. En el mismo, menciona a sus exnovios con un número ordinal: Amor Nº. 2 es un chico sin trabajo diez años menor que ella, Amor N.º 1, su amor por entonces definitivo, y Amor N.º 7 -¿podía ser otro número?- nos recuerda, sin duda alguna, a la historia que tuvo con Nacho Cano. De él escribe los siguientes fragmentos:

«Fue mi gran amor, estuvimos ocho años juntos y me dejó aproximadamente unas dieciséis veces. Cada vez que me dejaba lloraba callada y angustiada como si él fuese Dios y mi vida dependiera de sus decisiones.»

«Cada vez que me separaba de amor N.º 7 pasaba meses en lucha contra el teléfono. Me sentía igual que una yonqui que quiere dejar el caballo. Contaba los días que habían pasado desde la última llamada y me felicitaba por mi resistencia y fuerza de voluntad. Pero de repente, en un instante como otro cualquiera, saltaba la chispa, como alguien poseído en contra de su voluntad, descolgaba el aparato, marcaba su número, quedaba con él, y era drogadicta de nuevo.»

«Mi sonrisa de alga me ha hecho sentir dos veces idiota. Como cuando Amor N.º 7 me engañaba, los que lo sabían me miraban con cara de pobrecita que tiene un alga en el diente y no lo sabe, pero por alguna razón decidieron que era mejor no prestarme un espejo.»

«He dormido catorce horas y he soñado con Amor Nº. 7. Esa relación me ha arado el cerebro con surcos tan profundos que diecisiete años después estoy aún echando tierra. Le quise y le temí con todo el alma. Una palabra suya me arrastraba de la felicidad a la tragedia. Le necesitaba para que mi corazón siguiese bombeando sangre, y él decidía mis infartos. Era mi amante, mi padre y Dios. Me tenía de un modo absoluto.

Una noche, al comienzo de nuestra relación, me llamó para decirme que quería hablar conmigo. Me imaginé lo peor, me acosté temblando, no dormí y me levanté con un ojo rojo por un derrame. Fue la primera vez que me dejó, pero hubo dieciséis veces más.

Confundía la felicidad con cinco meses sin abandono y el amor con un pozo negro y hondo de donde solo él sabía sacarme. He buscado ese amor a lo largo de toda mi vida.

Me ha costado diecisiete años darme cuenta de que confundí el amor con un secuestro

Es apasionante cómo la misma historia de amor fue un motor creativo tanto para Nacho como para Coloma: él la exprimió en canciones pop y ella en libros autobiográficos. Además, las horas que ella pasó junto con Nacho en el estudio le sirvieron para su futura profesión como productora de música publicitaria. Detrás de los pegadizos temas de Quiéreteme, Era para mí o Sé que sí de El Corte Inglés, está su productora. Su amor y desamor (que no deja de ser una forma de amar), fueron la fuente de su creatividad.

EL PRESENTE DE NACHO, COLOMA Y LA PARRA

En la actualidad, tanto Nacho como Coloma están al borde de los sesenta. Como predijo la letra, «las flores de mayo poco a poco cederán a las patas de gallo». Pero su historia de amor vivirá por muchos años en el cancionero popular español, especialmente cada 7 de septiembre. Haciendo un juego de palabras, digamos que aquellos años que estuvieron en la parra les dieron acceso a la eternidad. Quien quiera, puede revivir esta preciosa historia reservando la mesita número 9 del restaurante La Parra. Una mesita y una historia que, no me cabe duda, terminarán en un museo.

Firmas de Ana Torroja y Nacho Cano en el libro de firmas de La Parra, en los años 80

Firma de Nacho Cano en el libro de firmas de la Parra en 2014. Tanto Nacho como Coloma siguen yendo, por separado, a la Parra en la actualidad.

Para terminar, me gustaría agradecer a Tessa Sanchez Walmsley, directora de la Parra, las facilidades que me ha dado para fotografiar la mesita del 7 de septiembre y el acceso a su libro de firmas. Os recomiendo leer en la web del restaurante su interesantísima historia, de la que me llamó mucho la atención que el padre de Tessa, Ginés Sánchez-Rubio, fue uno de los fundadores de Amnesia en Ibiza, junto con Antonio Escohotado y Manuel Sánez de Heredia. Ginés, además, fue el creador del logotipo de la discoteca, inspirado en los ejercicios de los cuadernos Rubio.

Si vais a comer o cenar al restaurante, en la carta destaca el steak tartar (fue uno de los primeros de la ciudad en ofrecerlo), el cochinillo y el roast beef, si bien Nacho cuando acude se decanta por la taramasalata y un pescado, pues como ahora es un gurú del yoga, está rendido a la vida sana. Sigue siendo, eso sí, un friqui de los teclados, pues quiso comprar el piano de pared que hay en la entrada del restaurante, sin éxito, debido al valor emocional que tiene para sus actuales dueñas.

Si queréis tener una velada romántica o especial, en La Parra, como Nacho y Coloma ya saben, ponen amor en cada detalle. Acertaréis seguro.

Para saber más:

ADRADOS, Javier: Mecano. Barcelona: Plaza & Janés, 2019.

FERNÁNDEZ ARMERO, Coloma: Querida yo. Barcelona: Plaza & Janés, 2000.

«Coloma Fernández, la chica del ‘7 de septiembre’ de Nacho Cano», El Mundo: 7 de septiembre de 2018.

«El 7 de septiembre, el artículo definitivo», Jenesaispop: 7 de septiembre de 2020

«El corazón en un puzle», Abc: 26 de noviembre de 2011.

Una respuesta a “El 7 de septiembre, una pieza de museo

  1. Qué artículo tan completo..dan ganas de volver a escuchar a Los Beatles y a Mecano y de releer Querida Yo…y dan ganas de imaginar muchas historias de amor y recordar cómo todos hemos sido drogadictos de algún otro dios menor al que nunca olvidaremos.

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